lunes, agosto 08, 2011

Cómo estar en un templo sagrado / How staying in a sacred temple


Mucha gente cree que entrar en un templo como una catedral, una iglesia o una mezquita es otro aliciente para la vida materialista. Para los no creyentes, el recorrido de una catedral se resume en disfrutar del placer de los sentidos como si fuese otra atracción de feria más para el turista. Otros, sin embargo, atribuyen a los templos un cariz folclórico, gnóstico, de celebración de eventos culturales o manifestaciones religiosas populares, cuando no, un exceso de santería. Para los creyentes, nos sugiere la oración y reverencia ante el cuerpo de Cristo transubstanciado en el sagrario. Sin embargo, el recorrido o la estancia en un templo sagrado no sólo implica la devoción, sino más bien un respeto a su aspecto espiritual y simbólico. No es un lugar, por tanto, donde la oración se convierta en un negocio para resolver pleitos con Dios, ni mucho menos para demandarle que sea como un abogado de nuestros anhelos y deseos. Ante todo, esta actitud de respeto se sintetiza en una oración fuera de nosotros, donde el prójimo y nuestros enemigos tengan preferencia en el rezo, lejos de exigir a Dios obrar en nuestros asuntos personales cotidianos y materialistas. En un plano secundario, hemos de manifestarnos con actitud humilde y con propósito de enmienda, agradeciendo todo lo bueno que hemos recibido y mostrándonos tal y como somos, puesto que a Dios no se le puede engañar.


miércoles, abril 06, 2011

Alegato contra el ruido / Allegation against noise




La ciudad donde vivo es una de las zonas más ruidosas de España, después de Valencia y al mismo nivel que Madrid. Me sorprende cómo en mi ciudad, que es heredera de una tradición de respeto por la naturaleza, se hayan creado hábitos de conducta insolidaria y cómoda por parte de sus ciudadanos. No termino de comprender por qué en una ciudad de proporciones vitruvianas y en la que el casco urbano está bien dimensionado en cuanto al diámetro de los servicios, es necesario utilizar con tanta frecuencia el vehículo, cuando es casi siempre factible realizar todos los trayectos a pie.

Tampoco entiendo la actitud de la Iglesia en cuanto a la celebración de fiestas de santos patronos, puesto que una institución que se denomina receptora de los preceptos de Jesús no debería incurrir en la generación de ruido constante y prolongado en las celebraciones.

Otro tanto hay que decir de las diversiones nocturnas. Se ha puesto de manifiesto que el hecho de la reunión de personas en las plazas y lugares de ocio nocturno es motivo de estruendosas madrugadas de alcoholismo, riñas y música a límites intolerables para los vecinos que intentar conciliar el sueño en sus aledaños.

Es digno de encomio y consecuencia de una política autonómica insostenible el estoicismo de los habitantes que viven cerca de los aeropuertos, cada vez más frecuentes en nuestras ciudades, donde no se ha estudiado un plan de contaminación acústica. El límite de decibelios en estos casos supera la tolerancia humana.

Por último, no podía faltar en una sociedad consumista la constante y proliferante adquisición de perros como mascotas. Estos animales, que intentan suplir la soledad, inseguridad, el cariño y la falta de compañía que la nueva sociedad del nuevo milenio ha generado, son un factor más de molestias para vecinos que en su justo derecho intentan descansar o concentrarse para estudiar. Pero sus amos que por mero capricho, justificándose en la naturaleza inconsciente del animal y en la propiedad privada, no quieren entender el gran daño que causan sus ladridos.

En esta defensa por el respeto al descanso y al estudio, en mi caso particular, me ha costado ser víctima en el año 2007 de un injusto atropello moral, infamia y difamaciones por el complicado conglomerado social de mi entorno.

Ante esta nueva situación creada por una nueva sociedad del ruido y del estruendo en lugares donde concurre la convivencia de muchos seres humanos con diferente idiosincrasia, problemas de salud y circunstancias personales, la única solución que cabe es modificar la Constitución para añadir nuevas leyes que protejan el derecho a la intimidad y el derecho al descanso de las personas.

Para terminar y si me lo permiten mis lectores, me gustaría citar un frase de una entrada que publiqué en mi blog en octubre del año 2006:

http://elcandil.blogspot.com/2006/10/tranquilidad-stillness.html

"...la actitud de aguante ante el ruido es inversamente proporcional a la inteligencia..."

Arthur Schopenhauer.

domingo, marzo 13, 2011

Iconografía medieval / Medieval iconography



La iconografía en la Edad Media fue de una gran importancia para los hombres que vivieron en aquellos tiempos.
El Physiologus, que consistía en un tratado donde se enumeraban los animales y criaturas fantásticas, se convirtió en un referente para el hombre del medievo, siendo hasta el siglo XII el libro más leído junto a la Biblia.

El Physiologus no es solamente un inventario de todas las criaturas y de la comprensión antropológica sobre la naturaleza de aquella época, sino también un estudio alegórico y simbólico del significado transcendental de las cosas que, según el pensamiento cristiano, se encontraba inmerso en la naturaleza.

Cabe puntualizar aquí la diferencia entre símbolo y alegoría. Aunque la alegoría es predominante y rápidamente sugerente en los bestiarios, no debe considerar el observador que todas las figuras de animales o seres fantásticos sean siempre respuestas con significado simbólico. No obstante, será el propio autor, si no el contexto, quien lo sugiera.
Así, para Carl G. Jung, «el símbolo presupone siempre que la expresión elegida es la mejor designación o la mejor fórmula posible para un estado de cosas relativamente desconocido, pero reconocido como existente y reclamado como tal (...) será simbólica la concepción que declare la expresión simbólica como la mejor formulación posible -luego imposible de exponer más clara o característicamente por de pronto- de una cosa relativamente desconocida. Será alegórica la concepción que declare la expresión simbólica como paráfrasis o metamorfosis deliberada de una cosa conocida» (Tipos II, 281-282).

Por lo tanto, y esclareciendo estos conceptos, la alegoría, susceptible de una sola interpretación, se opone al símbolo, que es polisémico. Así «la alegoría parte de una idea (abstracta) para llegar a una figura, mientras el símbolo es primeramente y de por sí figura, y como tal, fuente entre otras cosas, de ideas» (Durand, L'Imagination, 7).

Sin embargo, símbolo y alegoría se confunden según la definición de René Guénon: «El nombre de símbolo, en su acepción más general, puede aplicarse a toda expresión formal de una doctrina, expresión tanto verbal como figurada: la palabra no puede tener otra función ni otra razón de ser que la de simbolizar la idea, es decir, dar de ella, en la medida de lo posible, una representación sensible, por lo demás puramente analógica. Así entendido, el simbolismo, que no es más que el uso de formas o de imágenes constituidas como signos de ideas o de cosas suprasensibles, y del que el lenguaje es simplemente un caso particular, es evidentemente necesario a la mente humana, y por lo tanto natural y espontáneo, Hay también, en un sentido más restringido, un simbolismo voluntario, reflexivo, que cristaliza en cierto modo en las representaciones figurativas las enseñanzas de la doctrina; además, a decir verdad, no existen entre ambos límites precisos, pues es seguro que la escritura, en su origen, fue en todas partes ideográfica, es decir, esencialmente simbólica».

Para el historiador de religiones el símbolo es un intento de conciliar lo celestial con lo terreno, para conseguir una unidad en oposición a las contradicciones que el mundo sensible ofrece al espíritu (Eliade, Traité, 379 y ss).

A modo de conclusión, y según el Bestiario medieval que estoy leyendo de Ignacio Malaxecheverría, es posible realizar una taxonomía de los diferentes grados o niveles de simbolismo en los bestiarios según el siguiente criterio:

  • El grado cero, es el explicado por el propio autor.
  • El grado uno. Este modelo sigue la lógica de Propp, que enfatiza las funciones representadas por los personajes dentro del relato.
  • El grado dos, el último, que exige alejarse del texto para comprender el significado desde una perspectiva de la psicología analítica. Éste, en consecuencia, es el caso en el que se debería centrar un estudio moderno sobre el Bestiario, sin por ello pasar por alto los demás grados.

miércoles, noviembre 17, 2010

Rubik 2D




Allá por el año 1995, cuando estudiaba segundo curso de Informática, se me ocurrió programar en mis tiempos libres un pequeño y fácil videojuego en modo de texto que emulara el cubo de Rubik. La idea era diseñar una matriz rectangular o cuadrada de caracteres en varios colores en la que el jugador debía ordenarlos por filas o columnas -si era regular- o sólo en columnas -si era irregular-, de la misma forma con la que se jugaba al cubo de Rubik pero en las dos dimensiones. Con esto se conseguía un efecto más entendible del funcionamiento de la visión espacial y con un enfoque más sencillo que el cubo 3D.
En la configuración inicial del juego era posible elegir el tamaño de la matriz, aunque en la última versión del programa sólo era posible comenzar por el nivel más difícil: 10 filas por 15 columnas y 15 colores. Esto era así debido a que en poco tiempo se podía encontrar el truco para ordenar fácilmente la matriz, y, de alguna manera, convenía complicarlo para que los jugadores profanos pudieran entretenerse durante un largo período de tiempo.

jueves, octubre 28, 2010

Ignominia cultural / Cultural ignominy



Me gusta, de vez en cuando, sobre todo los fines de semana, pasear por las calles del centro de Murcia y observar el ritmo cadencioso de la ciudad que me acoge desde mi infancia. Me detengo momentáneamente a mirar los escaparates de las tiendas. Los comercios son, desde tiempos muy pretéritos, reflejo de la actividad de la sociedad que nos circunda, vendiendo todo tipo de artículos y bienes que son de necesidad o para disfrute de los seres humanos.
Hace unos días, paseando por una de las calles centrales de la ciudad, me llevé la sorpresa de toparme con una tienda, cuyo escaparate estaba atestado de todo tipo de objetos con motivo de la nefasta fiesta de Halloween.

Esta fiesta pagana tiene origen en la festividad celta del Samhain, festividad en la que se celebraba el fin de la temporada de cosechas, antes de las estaciones frías, y era considerada como el “Año nuevo Celta”. Más tarde, con la llegada del cristianismo, pasó a convertirse en la festividad del Día de todos los santos, que en el mundo católico, desde su instauración por el papa Urbano IV, se conmemora el 1 de noviembre.
La palabra Halloween es una derivación de la expresión inglesa All Hallow's Eve que significa Víspera de Todos los Santos. Fueron los inmigrantes irlandeses los que transmitieron esta tradición en América del Norte durante el siglo XIX, llegando a producirse progresivamente una gran expansión cultural desorbitada de la fiesta en los países anglosajones.
Las sociedad de la globalización y el concepto de la “Aldea global” acuñado por McLuhan han hecho todo lo demás.
Actualmente, en España, país de tradición clásica y judeocristiana  , sin ningún vestigio ni cultura de ornamentación exacerbada hacia la muerte, se ha dejado absurdamente influir por una costumbre que no refleja más que una sociedad desprendida de los valores fundamentales de una vida trascendental y espiritual, arrastrada por la superficialidad de un aparente ritual mezclado con un cóctel explosivo de medios de comunicación, publicidad y cine.
Es por todos sabida, y no podemos por ello ser indiferentes, la gran permeabilidad que existe en España y en Europa hacia la cultura norteamericana. Una cultura portadora de grandes valores científicos y humanísticos, pero también de grandes errores culturales y humanos.
Por tanto, no es que no me gusten las fiestas y sus correspondientes celebraciones, pero me entristece la ignominia en la que ha caído la cultura grecolatina y especialmente la hispánica, a pesar de todos los valores histórico-culturales que hemos aportado al mundo.
Con la llegada de la televisión, el cine e Internet, hemos conseguido un mundo más comunicativo, justo y solidario, pero hemos sumido a la sociedad en un caos esperpéntico de falsas ideas, frivolismo y un total nihilismo. La fiesta de Halloween no deja de ser otro ejemplo: gente disfrazada con prendas esperpénticas, pansexualidad, orgías, rituales macabros. En resumen, una sociedad que disfruta hedonistamente de todo momento de la vida pero muy alejada de valores espirituales y culturales.

Para finalizar, deseo citar una frase que solían comentar mucho los sepultureros cuando la gente les preguntaba si pasaban miedo en el cementerio. A lo que respondían:

“A quienes hay que tener miedo es a los de fuera, no a los de dentro”.

lunes, agosto 02, 2010

Los comienzos del gótico / The beginning of gothic



 Recientemente he adquirido un nuevo libro sobre el arte gótico, de la editorial alemana h.f.ullmann. En las primeras páginas, me he quedado sorprendido ante la historia de este arte tan enigmático que comenzó aproximadamente en el año 1140 en pleno siglo XII.

Uno de sus grandes instigadores fue el abad Suger de St-Denis, una de las personalidades decisivas de la Francia del siglo XII. Procedía de una familia pobre de caballeros de Flandes. Fue amigo de juventud de Luis VI, en tiempo de su conjunta educación conventual en St-Denis, lugar donde nació. Más tarde fue diplomático y consejero al servicio de Luis VII, cuando este último y su esposa tomaron parte en la segunda cruzada.
En 1122 fue nombrado abad de St-Denis, donde llevó a cabo entre otras tareas su viejo sueño de restaurar el convento que se encontraba en perpetuo abandono. En este significante sitio, Suger y su arquitecto se convirtieron en los iniciadores de la nueva configuración de la arquitectura sacra.

Otro gran instigador del arte gótico fue San Bernardo de Claraval, que resultó una pieza clave para la expansión de la Orden del Cister por toda Europa. Era mordaz, polémico y el más poderoso monje del siglo XII, creía en la vida monacal en estricta obediencia y extrema negación de sí mismo. Suger y San Bernardo discrepaban en algunas cuestiones. La polaridad entre ambos puede haber desempeñado un cierto papel en la construcción de St-Denis. Mientras que Suger mostraba inclinación por las imágenes sagradas y ornamentos eclesiásticos de oro y otros materiales preciosos, en especial en las vidrieras, San Bernardo condenaba tales adornos porque pensaba que distraían la concentración devota y la oración de los monjes. La mayoría de conventos en Europa del siglo XII y XIII respondían a esta última estética.


El último gran promotor del gótico fue el filósofo Pedro Abelardo. Este personaje medieval llegó a París con unos veinte años. Abre, dos o tres años más tarde, su propia escuela de filosofía en la misma capital. En 1144 llega a director de la escuela catedralicia de Notre-Dame, habiendo pasado ya los 35 años. Poco después conoce a Eloisa, una alumna suya, con la cual mantuvo un apasionado romance. Tras diversos avatares amorosos, el famoso profesor tiene que refugiarse en el convento de St-Denis, donde es acogido. Eloísa también se refugia en un convento, y es conocida la admirable amistad que ambos amantes mantienen hasta el final de su vida.

En Abelardo se puede encontrar el perfil del nuevo intelectual, como tipo sociológico en el renacimiento urbano del siglo XII. Contribuyó decisivamente a la transformación de París en un centro vital de los debates filosóficos y teológicos. El intelectual medieval encontraba allí numerosas ocasiones de poner a prueba sus armas intelectuales.

Abelardo fue uno de los cimientos de la alta escolástica, mientras que Suger se convirtió en el coiniciador del gótico con el edificio de su nueva abadía. El pensamiento de Abelardo estaba fuertemente anclado en la lógica, de tal forma que puede verse como un instigador de una posible “ilustración” medieval. Era más antropológico que teológico y afirmaba que sólo el conocimiento científico libre de prejuicios podía determinar la fe. Abelardo es, hoy en día, un referente en el debate entre fe y razón, debido a su enfoque progresista.

San Bernardo era un claro detractor de Abelardo y veía en París una moderna Babilonia, con sus abyectos placeres y sus insolencias intelectuales. Bernardo creía firmemente que el hombre podía aprender más en los bosques, donde se encontraban los monasterios, que en los libros y pensaba que piedra y madera enseñaban más que cualquier maestro. Era el polo opuesto de Abelardo; defendía fervientemente la cruzada armada y no la intelectual.
Abelardo basaba su conocimiento en las fuentes de la filosofía clásica helénica y veía en Sócrates y Platón dos buenos cristianos, asunto que le costó ser acusado de pagano por Bernardo. Como consecuencia de esto, Abelardo es condenado por herejía por el Papa, sus libros son quemados, y huye a refugiarse en Cluny. Definitivamente, el abad de Cluny levanta su excomunión y consigue incluso reconciliarlo con San Bernardo.

Mientras San Bernardo y Abelardo debatían en una pugna entre fe y razón, el abad Suger proyectaba una visión más supranatural, puesto que su pretensión era conseguir una arquitectura de la luz que elevara al observador “desde lo material hasta lo inmaterial”.

A modo de resumen, me remito de nuevo a las ideas del abad Suger, verdadero artífice del arte gótico, ya que, según él, la contemplación de la belleza material nos permite elevarnos al conocimiento de Dios.

domingo, septiembre 20, 2009

La biblioteca arcana / The secret library


 

En una antigua ciudad europea, de nombre olvidado, en la confluencia de tres calles en forma de tau, se encontraba una vieja iglesia en ruinas junto a un jardín también abandonado y objeto de especulación por ambiciosos constructores sin escrúpulos. El jardín siempre había estado cercado por un infranqueable muro que le daba cierto aspecto oscuro y misterioso.
Cada noche, al tocar las cuatro de la madrugada en la torre de la catedral, un grupo de ancianos cruzaba clandestinamente la puerta de la abandonada iglesia que daba al enigmático jardín. Los ancianos eran los únicos poseedores de la llave que abría la puerta de la iglesia, en la que, en una esquina cerca del ábside y tapada con un pesado arcón, se encontraba una trampilla en el suelo que comunicaba con una larga galería dividida en nuevos pasadizos, como si de un laberinto se tratara.
El grupo de ancianos se adentraba cada noche en el interior del laberinto, siempre iluminados con la luz de una tea, pues era costumbre entrar en aquel sitio sin luz eléctrica. En la salida del laberinto, cuyo acceso sólo ellos conocían, se encontraba una enorme biblioteca subterránea, tan grande como un campo de fútbol y en la que se encontraban ejemplares únicos y originales de antiguos libros y manuscritos del Antiguo Testamento, Evangelios, miles de volúmenes salvados de Alejandría y otros tantos millares hoy desconocidos para la humanidad.
Los ancianos habían vivido en la ciudad desde el siglo XIII, a la que habían llegado cuando eran caballeros templarios, transportando el ingente y secreto cargamento a la subterránea biblioteca. Afortunadamente, pudieron sobrevivir tantos años en la ciudad gracias al jardín, pues éste poseía un mineral de la eterna juventud en su tierra, en la que cultivaron escogidas frutas para su alimentación. La situación geográfica del jardín no era fortuita, pues pudieron localizar tan eminente lugar gracias a los libros que salvaron y leyeron.
El destino de los ancianos era velar por la integridad de los libros y el saber que atesoraban durante siglos, a la espera de un nuevo renacer para la humanidad, donde la luz de la sensatez y el sentido común gobierne el mundo, lejos ya de la soberbia, autosuficiencia y vanidad de los intelectuales modernos. Cuando el conocimiento sea para los más desfavorecidos y, especialmente, para aquellos que quisieron pero nunca pudieron, será entonces cuando la misión de estos ancianos monjes guerreros haya concluido y podrán descansar para siempre.

sábado, diciembre 20, 2008

El grifo soñador / The dreamer tap


 

Era una Navidad fría, en una de esas casas de las de antes, de ciudades antiguas y con clase, de edificios señoriales y con cierto aire bohemio.
En el cuarto de baño dormía tranquilo y goteante un viejo grifo, después de una larga jornada lavando manos, enjuagando caras y limpiando cepillos de dientes. Era un grifo dorado, desgastado por el uso, bastante oxidado y con hollín, pero era un grifo fuera de lo común. Durante los cincuenta y tres años que llevaba de servicio a pie firme en el lavabo, y de duros días de humedad y trabajo, nunca había tenido la oportunidad de ver el mundo exterior: las calles, las farolas y los coches de la época. Cuando llegaba la noche y toda la familia dormía, comenzaba a soñar que era un pez-dragón que volaba en la oscuridad sobre los tejados de la ciudad, y de vez en cuando, soñaba en sumergirse por el desagüe en busca del ansiado océano, donde moverse libremente y conocer a Neptuno o a alguna sirena que le hiciera compañía. El grifo soñaba y soñaba, noche tras noche, mientras su lento goteo resonaba en el silencio de la casa.

Un buen día, llegó a la casa una visita inesperada. Se trataba del fontanero que venía a cambiarle por otro grifo más nuevo y moderno. El grifo soñador pensaba, iluso, que era por fin su momento de ser arreglado, deshollinado y engrasado, pero también, una gran oportunidad de conocer la calle que tanto le gustaba. El fontanero se puso manos a la obra, y fue desenroscándolo lentamente, con gesto indiferente. El viejo grifo le miraba con confianza. Al terminar, lo sacó completamente del lavabo y lo puso en una bolsa de tela que llevaba consigo con más piezas viejas y desgastadas de fontanería.

Al salir de la casa, volcó la bolsa en el remolque de la camioneta, con todas las piezas de otras casas que había recogido en servicios anteriores y se puso en marcha. El grifo soñador era feliz de ver la calle, la luz del sol y el aire fresco que corría por su interior. En ese momento creía ser el pez-dragón volando por las calles de la ciudad. Era feliz, pero se extrañó de que las otras piezas fueran tan calladas y apagadas, era ciertamente sospechoso. El grifo siguió observando las calles, las farolas y la gente con la que tanto había soñado conocer. Éste era su momento de gloria.

La furgoneta se detuvo definitivamente en un viejo taller. El grifo creía que era el momento de ser reparado y puesto a punto.
Nada más lejos de la cruel realidad, el infeliz grifo fue observando aterrado cómo las demás piezas con las que viajaba eran arrojadas a un horno incandescente donde se derretían como la mantequilla en la sartén. Aquello era el fin, nada presagiaba la ansiada reparación. El pobre grifo entendió ahora por qué fue desenroscado del lavabo y dónde le llevaba la furgoneta. Aún le quedaba una gota de agua de la casa en su interior, a la que miró con pena, y recordó los días duros pero felices que pasó en aquel lugar. Ahora era un trasto viejo e inservible totalmente menospreciado por la familia a la que tanto tiempo había servido.
Al poco de pensarlo, un empleado del taller se acercó al grifo, lo cogió en la mano, lo miró detenidamente y con actitud lacónica y sarcástica dijo a su compañero: ¡Mira!, Luis, ¡este grifo parece como si tuviera los ojos asustados!, y rió. Dicho esto, arrojó el viejo grifo al horno con aire displicente. El grifo soñador cayó rápidamente en la masa de hierro fundido, saltando en chispas hacia todas las direcciones y deshaciéndose como si fuera un cubito de hielo al calor, mientras se escuchaba un crepitar metálico y sordo. Al rato, cuando el viejo grifo era ya solamente un recuerdo diluido en la cubeta incandescente, una llama se levantó sobre el derretido grifo, ante los ojos atónitos de los dos trabajadores. La llama ascendió lentamente por la chimenea del horno hasta el cielo raso y azul, donde ahora ya no sería nunca más el grifo viejo y oxidado, sino un pez-dragón de fuego que volaría por los tejados de la ciudad todas las noches en busca del oceáno donde sumergirse.

sábado, abril 12, 2008

Casas interconectadas / Interconnected houses

 

Una antigua sociedad secreta de arquitectos construyó, desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, una extensa red de pasillos secretos que interconectaban casas en diversas localizaciones de Europa y Rusia. Estas casas estarían ubicadas en diversas ciudades con cierto carácter misterioso como Madrid, Barcelona, París, Londres, Berlín, Roma o Moscú. El objetivo de la complicada red era proporcionar un medio de comunicación entre ciudades para el intercambio de ideas y refugio de personas. La forma de encontrar un pasadizo en una de estas casas consistía en buscar una habitación que tuviera, o una puerta falsa o una estantería giratoria o un armario. Al pasar el dedo sobre la madera de estos objetos y trazar un anagrama secreto, se accedía a la entrada de un corredor oculto que comunicaba con una extensa red de pasillos.
Aunque parezca enigmático, en un casa situada en la calle Acisclo Díaz de Murcia, uno de los prosélitos arquitectos diseñó un pasillo que conectaba con la Arcadia o jardín secreto donde vivían ninfas, hadas y aves del paraíso; junto con fuentes y estatuas de antiguos habitantes.

An ancient secret society of architects built from the XVIIIth century to mid-twentieth century, a wide network of secret corridors that interconnect houses in different places of Europe and Russia. This houses would be placed in several cities with a mysterious style like Madrid, Paris, London, Berlin, Rome or Moscow. The pourpose of the complex network was to provide a form of communication between cities for the interchange of ideas and refuge people. The way to find a corridor in one of these houses was to look for a room with either a false door or a revolving bookcase or a wardrobe. When moving the finger on the wood of these objects and drawing a secret anagram, it was possible to access to the wide network of corridors.
Although it seems enigmatic, in a hose placed on the Acisclo Díaz street in the city of Murcia, one of the architects designed a corridor that connected with the Arcadia or secret garden where nymphs, fairies and birds of paradise lived; along with sources and statues of ancient inhabitants.